Asesoría personalizada gratuitaEnvío gratis desde 25€Formulada en Cantabria650 421 026
Asesoría personalizada gratuitaEnvío gratis desde 25€Formulada en Cantabria650 421 026
La Martinika
InicioTiendaTest de pielBlogPatriciaCarrito
Cosmética consciente

Ingredientes controvertidos en cosmética: por qué merece la pena reducir lo innecesario

Por Patricia Fernández·Lectura 10 min·Actualizado en septiembre de 2026

No se trata de tener miedo. Se trata de elegir mejor.

Cuando compramos un alimento, solemos entender que no es lo mismo leer en la etiqueta "tomate, aceite de oliva y sal" que encontrarnos una lista interminable de conservantes, potenciadores del sabor, colorantes y aditivos cuya función principal es mejorar la textura, el aspecto o la duración del producto.

La cosmética no es exactamente igual que la alimentación, pero la comparación ayuda a entender una idea sencilla: cuanto más transparente es una fórmula y más claro es lo que aporta cada ingrediente, más fácil resulta decidir qué queremos utilizar a diario.

Esto no significa que una crema utilizada un día vaya a provocar un daño grave. Tampoco significa que todo ingrediente sintético sea malo o que todo ingrediente natural sea perfecto. Significa que nuestra exposición no procede de una sola fuente. A lo largo del día entramos en contacto con cosméticos, productos de limpieza, ropa, envases, alimentos y otros materiales. Cuando podemos reducir lo innecesario y escoger productos con ingredientes que cumplen una función clara, esa decisión tiene sentido.

En La Martinika, la cosmética consciente parte de ahí: menos ruido, más transparencia y más criterio.

¿Qué significa que un ingrediente sea controvertido?

"Controvertido" no es una categoría legal única. Utilizamos esa palabra para hablar de ingredientes o familias de sustancias que generan debate por una posible actividad hormonal, por su capacidad de sensibilizar, por la exposición acumulada, por su persistencia ambiental o por señales toxicológicas que merecen atención.

Que un ingrediente sea controvertido no significa automáticamente que esté prohibido. Pero tampoco significa que debamos pasar por alto las preguntas que plantea. La autorización de un ingrediente se refiere a determinados usos, concentraciones y condiciones de exposición; no es una garantía de que sea imprescindible, ideal para todas las pieles o la única opción disponible.

La Comisión Europea define los disruptores endocrinos como sustancias que, bajo determinadas condiciones, pueden afectar al sistema hormonal de seres humanos y animales[1]. La palabra clave es "condiciones". Para valorar una exposición hay que tener en cuenta la sustancia concreta, la cantidad, la frecuencia, el tipo de producto, la zona de aplicación y la absorción prevista.

La regulación europea organiza los ingredientes mediante distintas listas. El Anexo II recoge sustancias prohibidas y los Anexos III, V y VI incluyen sustancias restringidas, conservantes y filtros UV autorizados bajo condiciones[2]. Esta distinción es importante, pero no debería convertirse en una excusa para ignorar el debate. Legal no significa necesariamente imprescindible; controvertido no significa automáticamente tóxico.

1. Parabenos: conservantes eficaces que siguen generando preguntas

Los parabenos son conservantes que ayudan a proteger una fórmula frente al crecimiento de microorganismos. Entre los nombres más conocidos están methylparaben, propylparaben y butylparaben.

Se cuestionan porque algunos estudios han explorado su posible actividad estrogénica y porque se ha discutido si la exposición repetida a determinadas sustancias con actividad hormonal puede tener importancia a largo plazo. No todos los parabenos son iguales ni tienen el mismo perfil, y la evaluación depende de la sustancia y de la concentración.

La conclusión no debería ser "todos los parabenos son veneno". Pero tampoco hace falta utilizarlos por inercia si existe una fórmula bien conservada con alternativas que la marca puede explicar con claridad. Para quien compra, la pregunta práctica es: ¿qué función cumple, qué alternativa existe y por qué se ha elegido?

2. Ftalatos y fragancias: cuando una palabra puede esconder una mezcla

Los ftalatos forman una familia amplia. En los debates sobre cosmética y perfumería aparecen nombres como DEP, DBP y DEHP, aunque no deben tratarse como si todos fueran equivalentes.

La preocupación se relaciona con la exposición y con la posible actividad endocrina de determinados miembros de la familia. Además, las fragancias pueden ser mezclas complejas que se declaran de forma agrupada como parfum o fragrance, según las reglas de etiquetado aplicables.

También existen componentes aromáticos como limonene y linalool, que pueden sensibilizar especialmente después de oxidarse. Esto nos recuerda algo importante: que un ingrediente proceda de una planta no garantiza que todas las pieles lo toleren igual. Una cosmética natural bien formulada también debe ser prudente con los aceites esenciales y los componentes aromáticos.

3. Bisfenoles: preocupación por la exposición acumulada

BPA, BPS y BPF son bisfenoles que se han investigado por su posible interacción con el sistema hormonal. Su presencia en el debate no significa que sean ingredientes habituales de cualquier crema o sérum. También pueden aparecer en conversaciones sobre materiales, envases, contaminación y exposición indirecta.

Por eso, al hablar de bisfenoles, es fundamental no crear una falsa equivalencia entre "aparece en el debate ambiental" y "está dentro de todos los cosméticos". La reflexión relevante es otra: estamos expuestos a muchas fuentes distintas y, cuando podemos reducir una fuente innecesaria, tiene sentido hacerlo.

4. Filtros UV químicos: una función importante no elimina las preguntas

Entre los filtros UV que generan debate se encuentran benzophenone-3, también conocido como oxybenzone, y octinoxate. Se han estudiado por posibles señales de actividad hormonal, sensibilización, fotodegradación e impacto ambiental.

Al mismo tiempo, la protección frente a la radiación ultravioleta es importante. Por eso no es responsable presentar todos los filtros químicos como peligrosos ni sugerir que basta con sustituirlos por cualquier alternativa "natural". La pregunta debe ser más precisa: qué filtro se utiliza, a qué concentración, en qué formato, con qué frecuencia y bajo qué regulación.

El hecho de que una sustancia tenga una función útil no significa que debamos dejar de revisar su perfil. Y el hecho de que genere debate no significa que debamos renunciar a proteger la piel del sol. La cosmética consciente no elimina el contexto: lo explica.

5. Triclosán y triclocarbán: antimicrobianos que no son imprescindibles en cualquier fórmula

Triclosan y triclocarban son sustancias antimicrobianas cuyo uso ha generado preocupación por la exposición repetida, la posible actividad endocrina, la resistencia antimicrobiana y sus efectos ambientales.

Su uso cosmético está limitado a condiciones concretas. Esto significa que no deben presentarse indistintamente como sustancias siempre prohibidas o como ingredientes completamente irrelevantes. También invita a hacerse una pregunta sencilla: ¿realmente necesitamos una acción antimicrobiana en todos los productos que utilizamos?

Una fórmula sencilla no significa una fórmula sin conservación. Significa que cada elemento debe tener una razón de ser y que la marca debería poder explicar esa razón.

6. BHA y BHT: antioxidantes sintéticos bajo revisión y debate

BHA, o butylated hydroxyanisole, y BHT, butylated hydroxytoluene, se utilizan como antioxidantes para proteger las fórmulas frente a la oxidación. Se han debatido por señales toxicológicas y hormonales observadas en determinadas investigaciones.

No es correcto convertir una señal de investigación en una certeza sobre cualquier cosmético. Pero tampoco es necesario ignorar la preocupación. Cuando existen alternativas de formulación, muchas personas prefieren reducir ingredientes que no consideran esenciales para su rutina y escoger productos cuya composición les resulte más comprensible.

7. Siloxanos: tacto sedoso frente a persistencia ambiental

Algunos siloxanos, como cyclopentasiloxane, conocido como D5, se han estudiado por su persistencia, su comportamiento ambiental y su posible acumulación. En cosmética se utilizan, entre otras razones, para mejorar la extensibilidad y aportar un tacto sedoso.

Aquí la preocupación no se limita a lo que ocurre sobre la piel. También importa qué sucede después, cuando el producto se aclara, llega al agua o se libera al medio ambiente. La regulación puede restringir sustancias o usos concretos cuando la evidencia apunta a una preocupación ambiental relevante.

8. PFAS y retardantes de llama: familias de alta preocupación

Los PFAS, entre los que se encuentra el PFOA, son conocidos por su gran persistencia ambiental. Los PBDEs, utilizados históricamente como retardantes de llama, también se asocian a una preocupación ambiental y toxicológica importante.

No son ingredientes habituales de una crema convencional. Pueden aparecer en debates sobre materiales, contaminación, envases o trazas. Por eso hay que diferenciar una sustancia añadida intencionadamente de una impureza técnicamente inevitable, que debe mantenerse al mínimo.

La idea central sigue siendo válida: no necesitamos añadir deliberadamente sustancias persistentes o de alta preocupación cuando no aportan una función cosmética necesaria.

No todos los problemas son disruptores endocrinos

En las conversaciones sobre ingredientes controvertidos se mezclan a menudo cuestiones diferentes. Un ingrediente puede preocupar por su posible actividad hormonal; otro, por su capacidad para irritar o sensibilizar; otro, por su persistencia ambiental. No todo es lo mismo y no todo debe explicarse con la misma palabra.

Por ejemplo, algunos tensioactivos utilizados en productos de limpieza pueden resultar irritantes para determinadas pieles porque afectan a la barrera cutánea, especialmente cuando se usan con frecuencia o en concentraciones elevadas. Sodium Lauryl Sulfate, conocido como lauril sulfato sódico, es un ejemplo de ingrediente que puede ser más irritante para algunas pieles que otros sistemas tensioactivos más suaves. Esto no significa que todos los ingredientes cuyo nombre incluye "lauryl" tengan el mismo comportamiento.

Del mismo modo, los aceites esenciales no son automáticamente mejores por ser naturales. Pueden aportar aroma y compuestos botánicos, pero algunos también pueden sensibilizar. La alternativa más consciente no es sustituir una lista por otra de manera automática, sino formular con ingredientes seleccionados, en cantidades adecuadas y con una función clara.

¿Por qué simplificar puede ser una buena decisión?

Nuestro cuerpo no necesita que una crema tenga una lista interminable para hidratar, suavizar o acondicionar la piel. Ingredientes como la glicerina, ciertos aceites vegetales, mantecas, escualano, ceramidas o extractos botánicos bien elegidos pueden tener una función comprensible dentro de una fórmula: atraer agua, aportar emoliencia, mejorar el confort, apoyar la barrera o proteger frente a la oxidación.

Esto no significa que una fórmula corta sea automáticamente mejor. La seguridad, la estabilidad y la eficacia dependen de cómo se combinan los ingredientes. Pero una lista más sencilla y transparente ayuda a saber qué estamos utilizando y qué aporta cada componente.

La comparación con la comida vuelve a ser útil como punto de partida. Si podemos elegir un alimento reconocible y equilibrado frente a un producto ultraprocesado lleno de ingredientes que no necesitamos, muchas personas preferirán la primera opción. En cosmética ocurre algo parecido: si una crema puede aportar hidratación y confort con ingredientes seleccionados, ¿por qué añadir elementos innecesarios solo para mejorar el perfume, la textura o la apariencia?

No es una cuestión de demonizar la química. Todo está formado por sustancias químicas, incluidos el agua, los aceites vegetales y la glicerina. Es una cuestión de elegir mejor qué sustancias queremos incorporar a nuestra rutina diaria.

Cómo leer un INCI sin perderse

Empieza por el nombre exacto. "Parabenos", "ftalatos" o "siloxanos" son familias y no siempre identifican una única sustancia. Después, busca la función: conservante, antioxidante, fragancia, filtro UV, emoliente o tensioactivo.

A continuación, ten en cuenta el tipo de producto. No es igual una fórmula que se aclara que una que permanece horas sobre la piel. Tampoco es igual utilizar un producto ocasionalmente que aplicarlo todos los días en una zona extensa.

Después, consulta una fuente fiable. El Reglamento europeo de cosméticos y sus anexos son la referencia legal[2]. Las opiniones del Comité Científico de Seguridad de los Consumidores ayudan a comprender evaluaciones concretas[4]. CosIng puede orientar, pero la propia Comisión Europea advierte de que su contenido es informativo y no sustituye al texto legal consolidado[3].

Por último, hazte una pregunta práctica: ¿este ingrediente aporta algo que necesito o está ahí principalmente para perfumar, colorear, modificar la textura o alargar la vida del producto? No siempre podremos eliminar todos los ingredientes funcionales, pero sí podemos exigir más transparencia.

Un paso más: si quieres profundizar, tenemos una guía dedicada a cómo leer el INCI de un cosmético paso a paso.

La decisión no es perfecta o tóxica

No se trata de pensar que una crema concreta va a enfermarnos de inmediato. Tampoco de asumir que una marca conocida, un precio elevado o un envase lujoso garantizan una fórmula que encaje con nuestras prioridades.

La cuestión es que estamos expuestos a muchas sustancias desde distintos lugares: alimentación, aire, ropa, productos de limpieza, envases y cosméticos. La evidencia no permite afirmar que todos esos ingredientes se acumulen de la misma manera ni que todos lleguen directamente al torrente sanguíneo. La absorción depende de la sustancia, la piel, la fórmula, la zona, la cantidad y el tiempo de contacto.

Pero reconocer esa complejidad no obliga a pasar por alto el principio de prudencia. Si podemos escoger una fórmula más sencilla, con ingredientes que entendemos y que aportan una función clara, reducir lo innecesario es una decisión razonable.

Para mí, la cosmética consciente empieza por hacerse preguntas

Para mí, elegir cosmética natural no significa creer que todo lo natural es perfecto ni que todo lo sintético es malo. Significa apostar por fórmulas más sencillas, ingredientes seleccionados y una información que permita decidir sin tener que confiar únicamente en el marketing.

Significa mirar más allá del precio, del envase y de la promesa. Preguntarnos qué contiene una crema, por qué está ahí cada ingrediente y si realmente aporta algo a nuestra piel.

Porque una crema no tiene que ser cara para ser buena. Y una lista interminable no es una garantía de calidad.

Cuanto más podamos simplificar y reducir lo innecesario, más sentido tiene hacerlo. No por miedo: por criterio.

Referencias

  1. Comisión Europea — Endocrine disruptors. health.ec.europa.eu/endocrine-disruptors_en
  2. EUR-Lex — Reglamento (CE) n.º 1223/2009 sobre los productos cosméticos. eur-lex.europa.eu/eli/reg/2009/1223/oj/eng
  3. Comisión Europea — CosIng: base de datos informativa sobre ingredientes cosméticos. ec.europa.eu/growth/tools-databases/cosing/
  4. Comisión Europea — Opiniones del Scientific Committee on Consumer Safety. health.ec.europa.eu/scientific-committees/scientific-committee-consumer-safety-sccs/sccs-opinions_en

Cosmética que puedes leer y entender

Fórmulas sencillas, con ingredientes seleccionados y una función clara, formuladas en Cantabria. Haz el test de piel y recibe una rutina pensada para ti.

← Volver al blog